A finales del siglo XIX, el tren simbolizaba, como pocos inventos, la aceleración del mundo moderno: movilidad, industria, ciudad, trabajo, comercio y transformación del paisaje. El cinematógrafo nació en ese mismo universo técnico: máquinas que registraban máquinas, movimiento que capturaba movimiento. La llegada del tren a la estación de la ciudad no recrea un acontecimiento histórico concreto, pero condensa visualmente una época: la Europa industrial, ferroviaria y urbana. La cámara fija de Lumière transforma un hecho cotidiano en espectáculo visual. La famosa leyenda según la cual el público huyó aterrorizado ante la locomotora debe tratarse con cautela: no hay pruebas contemporáneas sólidas de ese pánico colectivo. NOTA: La fecha es aproximada.

Llegada del tren a la estación de la ciudad (Auguste Lumière y Louis Lumière)
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