Aunque Vida de un bombero fue rodada unos años antes, su éxito y circulación durante la expansión de los nickelodeons la convierten en una pieza ideal para comprender el gran cambio cinematográfico de 1907. La película dramatiza un incendio urbano, el rescate de víctimas y la intervención heroica de los bomberos. El filme refleja, perfectamente, la fascinación de la sociedad industrial por la ciudad moderna,
la tecnología, el riesgo urbano y los servicios públicos contemporáneos. Además, Porter perfeccionó la continuidad narrativa, el montaje dramático y la representación simultánea de la acción. El cine comenzaba así a acelerar el ritmo visual, a intensificar la emoción y a construir espectáculos cada vez más dinámicos para el público de masas. Más importante incluso que una película concreta fue el hecho de que en 1907 el cine se convirtió definitivamente en industria cultural. A partir de entonces, nacieron hábitos regulares de consumo cinematográfico, crecieron las primeras grandes productoras y el cine empezó a formar parte de la vida cotidiana de millones de personas. En cierto modo, 1907 marca el verdadero nacimiento del cine moderno.
Vida de un bombero americano (Edwin S. Porter)

