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El Verdugo

¿Sabías que «El Verdugo» (Luis García Berlanga, 1964) no pasó desapercibido, ni en el Vaticano?

  • AMADEO: Me hacen reír los que dicen que el garrote es inhumano. ¿Qué es mejor la guillotina? ¿Usted cree que se puede enterrar a un hombre hecho pedazos?
  • JOSÉ LUIS: No, yo no entiendo de eso.
  • AMADEO: …Y qué me dice de los americanos. La silla eléctrica son miles de voltios. Los deja negros, abrasados. ¡A ver dónde está la humanidad de la silla!
  • JOSÉ LUIS: Yo creo que la gente debe morir en su cama. ¿No?
  • AMADEO: Naturalmente, pero si existe la pena de muerte, alguien tiene que aplicarla.

En efecto, el embajador español en Roma, Alfredo Sánchez Bella, envió una airada carta al Ministro Español de Asuntos Exteriores en la que calificaba el filme como «uno de los mayores libelos que jamás se han hecho contra España, un panfleto político increíble, no contra el régimen, sino contra toda una sociedad». A través de ésta y otras acusaciones, el Gobierno de Franco quiso enmascarar, aunque sin éxito, la verdadera realidad de la sociedad española. Por aquél entonces, una marea de turistas europeos invadía el país, por lo que el Turismo y la Construcción -perfectamente retratados en el filme- empezaban a despuntar de entre el resto de sectores industriales de la economía nacional, por lo que ningún manifiesto social o cultural podía enturbiar la imagen de prosperidad que las autoridades franquistas vendían en el exterior para fortalecer incipientes relaciones comerciales con sus homólogos europeos. Sin embargo, «El Verdugo» causó un revuelo internacional, porque en el filme se veía reflejada la lucha por la libertad. Las consecuencias no se hicieron esperar, y Berlanga no volvió a dirigir en España hasta 1967.

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