Aquel día corrieron toros en la plaza Mayor, pero al teniente de alguaciles Martín Saldaña se le aguó la fiesta. La mujer había aparecido estrangulada dentro de una silla de manos, ante la iglesia de San Ginés, con un bolsillo entre los dedos que contenía cincuenta escudos y una nota manuscrita, sin firma, con las palabras: Para misas por su alma.
Soberbio e intrigante comienzo para tan soberbia novela inscrita en el megalítico mundo de Alatriste. Y lo de «megalítico» no es baladí en este caso, no señor, ya que uno, ante este tipo de obras que quedan fijadas en el ideario común y en los anales de la Literatura española, se siente pequeño y un poco abrumado. Esa sensación de inferioridad, les diré, la sentí en mis propias y orondas carnes no hace mucho tiempo sentado en un bar de la plaza Mayor y con las últimas líneas de este libro entre manos. Cerrado el susodicho ejemplar, la primera frase que se me vino a la cabeza fue: «y ahora ¿cómo carajo reseño yo este libro para no desmerecer menos?». Y solo encontré una salida… poniéndome a ello, como Vuesas Mercedes podrán observar.
Antes de iniciarles en el libro, cual cicerone, les pondré en antecedentes del autor de dicho libro, pues merece saberse de quien es padre este magnífico libro. Me refiero al muy conocido, no solo en esta santa casa sino en las letras españolas, Don Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, España, 1951). Fue curtido reportero de guerra en numerosas guerras y batallas, arriesgando su vida en lugares como Chipre, Líbano, Eritrea, el Sahara, Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Chad, Libia, El Sudan, Mozambique, Angola, Túnez…Un buen currículum. Y es autor de numerosas novelas que quedan inscritas dentro de nuestra literatura, El Maestro de esgrima, La tabla de Flandes, El Club Dumas, Territorio Comanche o la Piel del Tambor, entre otras, junto a su temprana labor de reportero ejercida en periódicos como Pueblo o desde 1991 escribiendo semanalmente un artículo (Patente de Corso) en ABC, cual Larra actual. Pero el gran salto dentro del panorama literario español y mundial lo dio el autor publicando en 1996 el primero libro de la saga de Alatriste: El Capitán Alatriste. Este reto del autor de enseñarnos de nuevo ese mundo del Siglo de Oro a través de este espadachín a sueldo siguió en años posteriores con libros como Limpieza de Sangre (1997), El Sol de Breda (1998), El Oro del Rey (2000), El caballero del jubón amarillo (2003), y por el momento Corsarios de Levante (2006).
Pero es de este segundo libro, Limpieza de Sangre, del cual les voy a hablar. A mi modo de ver, cada uno de los, por el momento, seis libros se centran en un aspecto temático de ese reto que el autor tiene con el lector, es decir, abrirnos de nuevo los ojos a ese mundo del siglo XVII que no hace mucho tiempo en este país, España, estaba un poco dejado de lado, con una especie de tabú injusto que no encajaba bien en nuestra inocua patria. Cada libro, como les he indicado antes, hace referencia a un aspecto temático de la España de Alatriste. En este caso el autor centra su diana en un mundo un tanto peliagudo en la época: la cuestión de la pureza de la sangre y la relación del pueblo con un elemento unificador de aquel tiempo: La Santa Inquisición. Nos encontramos, por tanto, en la novela, a mi modo de ver, más oscura de la saga. De las grandes aventuras y lances a espada y vizcaína del primer libro, ahora, como si no hubiéramos visto el escalón al entrar, caemos en un mundo más cerrado para los españoles cervantinos, y más de trastienda. Más a contrapelo.
Me imagino que en este punto de esta humilde reseña, el lector se estará preguntando algo cansado: «pero… ¿Por qué no cuenta de que va?». Aquí, les diré que soy de la opinión de que mostrar todo el argumento de una novela de aventuras es destripar todos los secretos y resortes de la maquinaria arquitectónica del libro. Aun así les diré que la historia, en un principio tiene un comienzo de lo más sencillo. En Madrid se producen unos festejos en honor del rey y a la vez se encuentra en una de las calles aledañas a la Plaza Mayor el cuerpo de una mujer estrangulada con un billetito en la mano en el que pone de manera misteriosa: «Para misas por su alma». A partir de ahí el asunto se acelera en una espiral desenfrenada, y debido a un encuentro «casual» con Quevedo encargándole una misión de liberar a una novicia del convento de la Adoración, se desencadena una auténtica cuenta atrás para, no solo intentar liberar a la desdichada novicia sino al mismísimo Íñigo Balboa de las garras de la Inquisición.
Gracias a esa novedad técnica y temática de escritura que Pérez-Reverte cuida en cada libro sobre Alatriste, vemos a través de esta aventura un mundo que se encontraba acogotado por el fanatismo religioso impuesto desde finales de la Reconquista con la recreación del Santo Oficio. Y bajo este clima de pseudo terror colectivo vemos como se levantan las miserias de una España en plena decadencia en que cada vecino podía denunciar al vecino de al lado solo por que le parecía distinto o por otros planteamientos más vanales o retorcidos. Es mundo en el que impera más la casta, el honor y cuestiones tan triviales (para nosotros hoy en el siglo XXI) como la limpieza de sangre y la deshonra que producía saber que se podría tener un familiar con orígenes moriscos o judíos.
Pero en esta novela centrada en tan espinoso tema también aparecen rosas como son por ejemplo la situación en que se encontraba ese león hispánico que tantas heridas ya había recibido por los ratones. Al perro flaco todo son pulgas. Y eso es lo que le pasaba a España. Pérez-Reverte nos muestra un imperio que bebía más de su honor y valía que de su justo raciocinio. Un país que mediante el filo de su espada mantenía al mundo a raya. Pero… esa espada ya empezaba a embotarse y a salirle herrumbre. Aun así era una tierra que todavía era orgullosa y que luchaba en todos los frente con honor y valentía frente a un mundo que poco a poco, como se dan cuenta Alatriste e Iñigo empieza a volverse más cínico y material.
Espero que esta humilde reseña haya sido de su agrado y, permítanme que sea algo vanidoso, les anime a leer no solo este segundo libro de la saga sino todos pues les aseguro, palabra de soldado viejo de los Tercios Viejos, que no solo pasaran momentos inolvidables de aventuras, riesgos y pasiones sino que también aprenderán de un mundo en el que seres como Alatriste, Quevedo, Copóns… hacían temblar el orbe con el solo pisar de sus botas y el sonido silbante de sus aceros al salir de sus prístinas vainas.
Proclamen, pues los cielos y la tierra
Los lances y los fechos circunspectos
De Alatriste, ¡El rayo de la guerra!
Technorati Tags: Limpieza de sangre, Arturo Pérez-Reverte


Ayuda a mantener Hislibris comprando el LIMPIEZA DE SANGRE en La Casa del Libro.